No. Socialismo Confidencial no estuvo entre los invitados a 38 Congreso del PSOE, por lo que no pudimos seguir de cerca los pormenores del cónclave que, finalmente, y tras una noche a la que, según nos cuentan, parecieron faltarle horas, Alfredo Pérez Rubalcaba acabó imponiéndose, contra todo pronóstico, a Carme Chacón.
El domingo por la tarde los socialistas regresaban a sus ciudades de origen con sabor agridulce. Muchos de los movimientos para conseguir el vuelco final molestaron, y mucho, a los delegados del congreso, que vieron como el aparato lograba, por una vez, imponer sus tesis y su candidato tras la larga noche en la que importantes figuras del partido como Felipe González, Alfonso Guerra y Juan Carlos Rodríguez Ibarra pusieron todo su ascendente llamando personalmente a algunos delegados, que no acababan de creer que al otro lado del teléfono estuviera la voz que escuchaban; o el todo poderoso Gaspar Zarrías, quien se habría responsabilizado, con notable éxito, de “torcer” la voluntad de los cargos públicos andaluces con plaza de delegado en el Hotel Renacimiento de Sevilla.
Según ha podido constatar Socialismo Confidencial, la preocupación ya no es el liderazgo del partido, sino la propia situación de quienes han sido delegados en el 38 Congreso y ahora tendrán que dar las explicaciones pertinentes en sus respectivas agrupaciones ante una militancia que, sin menosprecio de admitir que Alfredo Pérez Rubalcaba -que ganó por la mínima- es ahora el líder de todos los socialistas, ha visto como, una vez elegido el exministro de Interior, la mayoría de propuestas emanadas de las bases -y debatidas en un plenario en el que más de la mitad de los delegados estaba ausente- eran rechazadas una tras otra. “La respuesta socialista ha sido no”, manifiesta un militante de base que no estaba presente en Sevilla, pero que había defendido en la etapa precongresual algunas de las más importantes enmiendas que allí fueron ignoradas.
Los militantes esperan ahora a que se concrete el significado de las palabras de Rubalcaba en el cierre del 38 Congreso, “unidad y cambio”, y, a pesar del mal sabor de boca que ha dejado en algunos el resultado, todos quieren mirar hacia un futuro en el que el primer objetivo es frenar el imparable avance de la derecha y recuperar la confianza de los ciudadanos en el PSOE.